viernes, 17 de mayo de 2013

Una piedra más en el muro.


Imaginaos que la sociedad fuera un muro. Un muro cuyas piedras fueran personas.
Cada piedra necesita a la otra y la otra a la que se halla a su lado y así sucesivamente. Todas se necesitan a todas para juntas componer un muro tan alto y avanzado. Hay muchas piedras en el muro.
Cada día veo una nueva y sé que cada día veré otra.
Unas caen, otras ocupan su lugar o lo escalan para llegar hasta arriba permitiéndolo crecer.
Hay piedras hermosas en él al igual que las hay terribles.
De hecho, hay cristales. Cristales hermosos con forma y color propio. No todos llegan a ser bonitos para mí, pero al menos tienen algo que los caracteriza.
Piedras preciosas que destacan entre las demás y no necesariamente a la vista.
Pero es triste que también hayan piedras grises. Piedras que están ahí para rellenar el muro. Pero no destacan. Son solo una piedra más en el muro.
Y aunque el muro esté lleno de piedras grises, la mayoría tienen una piedra preciosa en su interior, por muy pequeña que sea.
Las que están completamente vacías, pobres de ellas.
Y en cierto modo es triste.
También es triste que haya cristales también así de hermosos, con bellos colores y delicadas formas que desgraciadamente se han materializado al muro como una más, gris, igual. Y pasan de ser algo tan bello a convertirse en una piedra más en el muro.
Pero, ¿de qué me quejo? Esas piedras lo han decidido, o a lo mejor no, pero el caso es que aunque me den cierta pena mientras veo como se ocultan de si mismas y de su propia belleza, yo no quiero vivir al lado de otra piedra más.
Y una vez más, ¿de qué me quejo? Yo no vivo rodeado de piedras grises. Es más, estoy rodeado de increíbles cristales de preciosos colores. Día tras día me veo hablando con una persona, un cristal, no una piedra hueca o una persona que se ha transformado en piedra.
Día tras día me hacen la vida maravillosamente feliz personas que son ellas y que pueden cambiar, al igual que yo, pero que por eso no dejan de ser cristales. 
Y es maravilloso saber que hay cristales en el muro, pero lo es más todavía el saber que los tengo al lado y que me hacen sonreír...
Es maravilloso saber que el muro está repleto de ilusiones, gustos, emociones, elecciones... es maravilloso saber que está plagado de personas.





martes, 26 de marzo de 2013

Comienzo de nuevo:


He eliminado el prólogo dado que me precipité y me acabo de dar cuenta de que en esas dos páginas hay un montón de incoherencias con respecto al resto del libro. Veréis que la pestaña en al que pone "Udsom" -el título del libro- ya no está. No es que lo haya dejado, solo que no hay entradas publicadas en esa pestaña. Dentro de poco publicaré el nuevo prólogo no muy diferente al anterior, pero si con ciertos cambios.
También he tardado bastante en hacer el primer capítulo porque llevo unas cuantas semanas sin tocarlo. Pero estos días estoy escribiendo más y también espero poder publicarlo lo antes posible. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Graffitis





Una ciudad normal, como otra cualquiera. En la que las calles se llenan de vida y de gentío. Pero cuando paseáis por la ciudad, ¿no os habéis fijado en los colores que tiene cada pared abandonada? Cada día veréis un dibujo nuevo, grande y colorido, en túneles, casas abandonadas, paredes...
Hablo de Graffitis, arte callejero. Sí, arte. Hay muchos que lo consideran así, y yo me encuentro entre ellos.
Cada graffiti adorna la ciudad, y cada uno forma parte de ella. 
¿Os imagináis un mundo donde todos esos dibujos cobraran vida?
Una ciudad repleta de arte en movimiento. Seres extraños que vagan por paredes, por suelos y techos. Todo el espectáculo de las calles... 
Una ciudad donde cualquier fantasía que reflejes en una pared, vagará por cada casa y será otra parte más de esta.