martes, 23 de julio de 2013

Diario de Déleis entrada 3:¿Qué siente la gente a mi lado?


Hay ciertos momentos en los que me pregunto qué siente la gente a mi lado. Desconozco qué es lo que atraviesa sus cabezas cuando están hablando con un ciego de cabello azul que dice ser un cuervo guardado en un cofre, que dice no poder amar...
Qué sentirán al lado de alguien de piel tan blanca como la mía y que solo sale en invierno. 
Me hago dicha pregunta en diversas ocasiones, y el por qué, está escrito en esta entrada...
Probablemente no haya escrito muchas de estas cosas cualidades en el diario. Pero os aseguro que son todas ciertas. Me teñí el pelo de azul, aunque es obvio que no me puedo visualizar. Lo hice porque más de diez personas me convencieron y yo me dejé llevar por la inercia, no se demasiado bien el por qué. Tengo la piel muy blanca, pues solo salgo de mi casa en invierno. Odio el Sol. Pero en mi casa me siento refugiado y en un ambiente silencioso y agradable en el que nada puede interrumpir mis pensamientos. No me siento solo. Para qué salir si no me puedo fiar de a dónde me van a llevar mis pasos. Odio el calor. No se cómo es el Sol por lo que no me puede encandilar. Pero siento el calor. Y odio esa sensación de que algo te abrasa desde el exterior. En cambio, si me gusta el viento. Quizás, porque pese a  lo mucho que adoro mi ceguera, hay ciertos momentos en los que siento una intensa curiosidad por saber qué es un color. El viento, en cambio, nadie puede verlo. Es invisible... para todos. Solo se siente, y siempre disfruto al sentir el viento golpeándome en la cara, sacudiendo el cabello como las ramas de un árbol, según me han descrito. Todo encaja. 
Aunque sea ciego y me guste serlo, es inevitable que desee poder ver algo.
Si, digo que no soy capaz de amar. Porque nunca he amado.
No veo con quien hablo y creo que lo necesito para poder amarle. 
Alguna vez lo he preguntado. He preguntado qué se siente y nunca he sentido nada parecido. Hay personas que dicen que cada vez que oyes su voz, sientes que algo en tu interior te dice a gritos "¡acércate!" pero no das ni un solo paso porque una capa de hielo o fuego te amenaza con quemarte por dentro. 
También me han dicho que sientes alas en la espalda que te pueden permitir volar muy alto o caer muy bajo.
Me han dicho cientos de versiones diferentes y no me he sentido identificado con ninguna.
En cuanto a lo del cuervo guardado en un cofre, creo que todo cuanto escriba aquí está relacionado. Es más, si esto fuera un libro, sería un buen resumen. Quizás demasiado resumido. Hasta el punto en el que nada te ha quedado claro. Pero por eso no deja de ser un resumen.
Puedo dar una pista bastante obvia: es una metáfora. Aunque es obvio, porque si no fuera una metáfora lo diría literalmente. Y no soy un cuervo literalmente ni vivo guardado en un cofre.
Se que ya voy por la tercera entrada y es un poco extraño que a estas alturas del diario siga poniendo novedades: pondré en negrita cada frase que os pueda decir algo al respecto (de averiguar qué significa el acertijo). Cada frase o palabra que pueda significar una pista más para entender lo que soy, la destacaré.
En fin, el título de la entrada hasta el momento solo ha hecho referencia a la primera frase.
¿Qué siente la gente a mí lado?
Es una pregunta que suelo hacer a menudo, y aquí os dejo unas cuantas respuestas:
"Me siento turbado" me dijo una vez una persona. 
Me fue indiferente. Si me dice eso, simplemente le dejo de hablar. Los dos salimos ganando: él no sentirá más pudor y yo me libro de una amistad más que prolongar. Ahora puedo decirle todo lo que pensé sobre él sin perder nada. Realmente fue una amistad absurda. Yo quería librarme de él y él de mí. Pero debía mantenerlo. El por qué, está escrito en este diario (no necesariamente en esta entrada).
"Presumo al lado de gente que llama la atención". Eso me lo dijo otra, por lo que me sentí utilizado. En ese momento me planteé decirle a qué se refería con la intención de ver si lo arreglaba, o librarme de uno más. Pero se lo dije, ¿sabéis por qué? Porque soy un parásito, por así decirlo. Aunque eso ya lo explicaré en la siguiente entrada. Y pese que hasta entonces no vais a saber de qué estoy hablando, voy a decir una última cosa al respecto: es el motivo por el que mantengo amistades falsas con tantas personas.
"Eso no tiene sentido". Y era cierto. No tiene sentido ir preguntando a todo el mundo cómo se siente a mi lado. Pero mira lo efectivo que me ha sido. Me he librado de un "amigo".
También mantuve esa amistad. Me gusta como expresa su opinión y en cierto modo, me puedo alimentar de ello. 
Si esa persona fuera yo, no diría eso.
Probablemente os estéis preguntando por qué le he preguntado esto a tanta gente. Probablemente os estéis preguntando por qué veo sentido a hacerle dicha pregunta a todo el mundo. Y tal y como os prometí antes, lo diré: porque buscaba una respuesta concreta.
Y la que más se acercó a lo que quería que me respondieran es una que diré... y esto también lo explicaré en la siguiente entrada... quizás:

"No siento nada".




viernes, 17 de mayo de 2013

Una piedra más en el muro.


Imaginaos que la sociedad fuera un muro. Un muro cuyas piedras fueran personas.
Cada piedra necesita a la otra y la otra a la que se halla a su lado y así sucesivamente. Todas se necesitan a todas para juntas componer un muro tan alto y avanzado. Hay muchas piedras en el muro.
Cada día veo una nueva y sé que cada día veré otra.
Unas caen, otras ocupan su lugar o lo escalan para llegar hasta arriba permitiéndolo crecer.
Hay piedras hermosas en él al igual que las hay terribles.
De hecho, hay cristales. Cristales hermosos con forma y color propio. No todos llegan a ser bonitos para mí, pero al menos tienen algo que los caracteriza.
Piedras preciosas que destacan entre las demás y no necesariamente a la vista.
Pero es triste que también hayan piedras grises. Piedras que están ahí para rellenar el muro. Pero no destacan. Son solo una piedra más en el muro.
Y aunque el muro esté lleno de piedras grises, la mayoría tienen una piedra preciosa en su interior, por muy pequeña que sea.
Las que están completamente vacías, pobres de ellas.
Y en cierto modo es triste.
También es triste que haya cristales también así de hermosos, con bellos colores y delicadas formas que desgraciadamente se han materializado al muro como una más, gris, igual. Y pasan de ser algo tan bello a convertirse en una piedra más en el muro.
Pero, ¿de qué me quejo? Esas piedras lo han decidido, o a lo mejor no, pero el caso es que aunque me den cierta pena mientras veo como se ocultan de si mismas y de su propia belleza, yo no quiero vivir al lado de otra piedra más.
Y una vez más, ¿de qué me quejo? Yo no vivo rodeado de piedras grises. Es más, estoy rodeado de increíbles cristales de preciosos colores. Día tras día me veo hablando con una persona, un cristal, no una piedra hueca o una persona que se ha transformado en piedra.
Día tras día me hacen la vida maravillosamente feliz personas que son ellas y que pueden cambiar, al igual que yo, pero que por eso no dejan de ser cristales. 
Y es maravilloso saber que hay cristales en el muro, pero lo es más todavía el saber que los tengo al lado y que me hacen sonreír...
Es maravilloso saber que el muro está repleto de ilusiones, gustos, emociones, elecciones... es maravilloso saber que está plagado de personas.





martes, 26 de marzo de 2013

Comienzo de nuevo:


He eliminado el prólogo dado que me precipité y me acabo de dar cuenta de que en esas dos páginas hay un montón de incoherencias con respecto al resto del libro. Veréis que la pestaña en al que pone "Udsom" -el título del libro- ya no está. No es que lo haya dejado, solo que no hay entradas publicadas en esa pestaña. Dentro de poco publicaré el nuevo prólogo no muy diferente al anterior, pero si con ciertos cambios.
También he tardado bastante en hacer el primer capítulo porque llevo unas cuantas semanas sin tocarlo. Pero estos días estoy escribiendo más y también espero poder publicarlo lo antes posible. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Graffitis





Una ciudad normal, como otra cualquiera. En la que las calles se llenan de vida y de gentío. Pero cuando paseáis por la ciudad, ¿no os habéis fijado en los colores que tiene cada pared abandonada? Cada día veréis un dibujo nuevo, grande y colorido, en túneles, casas abandonadas, paredes...
Hablo de Graffitis, arte callejero. Sí, arte. Hay muchos que lo consideran así, y yo me encuentro entre ellos.
Cada graffiti adorna la ciudad, y cada uno forma parte de ella. 
¿Os imagináis un mundo donde todos esos dibujos cobraran vida?
Una ciudad repleta de arte en movimiento. Seres extraños que vagan por paredes, por suelos y techos. Todo el espectáculo de las calles... 
Una ciudad donde cualquier fantasía que reflejes en una pared, vagará por cada casa y será otra parte más de esta.